diumenge, 6 d’abril del 2014

LO INESPERABLE.

Solo me hacían falta veinte minutos para terminar el entreno. Gracias a Dios que el entrenador ha tenido conciencia de hacernos correr cuarenta minutos, porque en aquellos instantes no podía mover ni una pierna. Iba corriendo yo sola con mi música, a mi ritmo, con la esperanza de encontrarme a dos chicos que iban por delante de mí y, por lo menos, tener la seguridad de que por allí aún sobrevive alguien. No era un día normal como todos los otros, me levanté con la corazonada de que iba a pasar lo inesperado. El tiempo tampoco nos acompañaba, cuatro gotitas caían de aquella nube que ya llevaba una semana instalada en nuestro cielo también, el viento era como lo de las películas de miedo y corriendo entre árboles más de una vez me tocó mirar detrás. Una brisa me hizo poner los pelos de punta, empecé a correr más deprisa y en aquel momento estaba escuchando la canción que más me motiva: Now that I'm thinking sober Don't you try to get no closer I'm just gonna get in my car and drive, and drive Looking in the rearview mirror Everything is so much clearer Watch me wave it all goodbye, goodbye... Me giré un momento y vi que los árboles estaban más juntos que nunca. Yo lo recordaba. Cada vez lo estaban más hasta que llegó un momento que una rama me rozó la espalda. Empecé a correr como nunca lo había hecho pero ya era demasiado tarde los árboles me “comieron”. ¡Me comieron!. Cerré los ojos, conté hasta tres, uno, dos y tres, al cuarto segundo volví a correr pero siempre era lo mismo no logré salir de aquél pozo sin fondo. Grité, grité hasta dejarme la voz. No entendía nada de lo que estaba pasando. Nunca había oído nada sobre que los árboles se “comieran “a las personas. Nunca hubiera dicho que unas simples plantitas inofensivas pudieran hacer esto. De repente oí un sonido, pero como si saliera de los auriculares. No lograba averiguar de dónde provenía. Se me ocurrió ponérmelos. Paralizada quedé yo cuando me los puse. Música no era lo que sonaba en mi Ipod ¿Qué era? Me levanté, me di un golpe contra el árbol para ver si estaba soñando. Pero no. Era verdad, los arboles se estaban comunicando conmigo. Estuve escuchando para ver si me decían lo que tenía que hacer para salir de aquella emboscada, pero no, solo me decían:” Sigue adelante, sigue adelante, ramitas y ramas encontrarás, pero en un lugar seguro llegarás”. Todo el rato decían lo mismo. Respiré hondo y seguí adelante. Mil arañazos se me hicieron en las piernas y los brazos, pero cosas peores he sufrido. Debía llevar unos cinco minutos andando y no veía luz en aquel camino. Otros sonido logré oir, me puse enseguida los auriculares y otra rima me cantaron:” Cincuenta metros andarás y dos lugares escogerás”. ¿Dos lugares escogerás? Me estaba volviendo loca. No paraba de pensar si era una broma pesada de mis compañeros, pero era imposible. Llegué a las dos puertas. Nadie estaba allí para informarme de nada. Pensé que unas de las dos llevaban a un lugar seguro, pero como nadie me dio una pista, cerré los ojos y señalé la elegida. La puerta de la izquierda fue la que abrí. Un lugar oscuro se me presentó ante mí, no me atreví a pasar. La misma brisa del principio fue la que me impulsó hacia dentro. No tuve más remedio que dar el primer paso. De un momento para otro un camino de luces se encendí indicándome el camino sin indicar ningún final. Suerte que llevaba buenos zapatos porque caminé, hacia atrás, saltando, corriendo, cantando, hablando sola, haciendo juegos con las manos. Llevaba ya unas dos horas caminando sin encontrar la salida de aquel túnel oscuro que cada vez se estaba haciendo más pequeño. Sin darme cuenta un gran portal se abrió delante de mí. Me quedé impresionada de lo que estaba viviendo. Por mi cabeza pensaba:” Si salgo de ahí viva, que libro más emocionante escribiré”. No lo pensé tres veces, me adentré en la aventura, hice un paso hacia delante y a un gran mundo nuevo entré. El portal desapareció. Miré arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda, pero nada pasaba por delante de mí. De repente, el suelo empezó a moverse y al cabo de dos segundos, detrás de mí había un gran animal, que creo que no tiene ni categoría de animal, más bien lo pondría dentro del grupo de los monstruos, el que nunca te gustaría encontrar. No me lo pensé dos veces, empecé a correr, en lo que llevaba de día no había corrido tanto en toda mi vida. No encontré ningún refugio para esconderme de aquella bestia. Al final encontré una cueva que parecía segura. Me adentré y de repente la espalda se me iluminó. Un montón de bichitos pequeñitos se me colgaron de la espalda. Intenté quitármelos, pero uno de ellos me dijo:” No lo conseguirás si no te tranquilizas”. Me quedé pasmada. De lo trastornada que me dejaron aquellas palabras los bichitos se despegaron de mí. Pude ver lo que eran y lo simpáticos y simpáticas que eran conmigo. Me explicaron que ellos huelen a miles de kilómetros los nuevos individuos que se adentran en su mundo y que no son malos pero quieren conocerlos. Cuando se ponen en la espalda se quedan pegados a causa del nerviosismo de los nuevos individuos. Hablé con ellos para que me explicaran todo sobre lo que me había ocurrido. Me explicaron que cada cientos de años los árboles se unen y que se tragan todo lo que se encuentran por delante, pero que nunca ningún humano había entrado en este mundo hasta hoy. Les pregunté si había forma de salir de aquel mundo y me dijeron que no conocían nada para poder salir, que muy probablemente me tuviera que esperar a otros cientos de años para poder salir. Me desanimé, no podía ser que aquello me estuviera pasando a mí. Me fui a conocer un poco más de aquel mundo. Me quedé impresionada de lo bonito y lo impactante que era todo aquello: unos árboles enormes con animales que vivían en ellos pero no eran monos sino una mezcla de animales de la selva. Toda la fauna que encontré dando el paseo era una mezcla de los animales de cada entorno determinado de la tierra. Llegué a un lago con el agua clara y con peces que saltaban alegremente sin parar. Tenía muchas ganas de darme un baño, pero no me atrevía a sumergirme por miedo a encontrarme lo peor. Así que lancé dos piedras para ver cómo reaccionaban los peces, eran inofensivos. Me desnudé y me sumergí en el agua. Estaba fresquita. Nadé un poco y me relajé. De un momento para otro el cielo claro y azul se convirtió en un cielo gris y violento. El lago se empezó a remover, intenté salir pero una fuerte ventisca me lo impedía. Se formó un gran remolino en el agua y no tenía suficiente fuerza para llegar a la orilla. El remolino se me “comió,” como los árboles pero esta vez estuve un minuto dentro del agua sin poder salir de ella. Sentí una fuerte fuerza que me llevaba hasta el fondo del lago y después, un alivio. Cuando desperté de aquello me encontré vestida y en medio del río Ebro. Miré hacia arriba y reconocí el club náutico. Salí y, sin que nadie me viera, me duché y me fui a casa. Nada supo mi historia, pero, aun así, en mi cabeza aún iban los bichitos, y el gran monstruo y, sobretodo, la frase:” Si salgo de ahí viva, qué libro más emocionante escribiré”.